jueves, 14 de mayo de 2015

Sé mi héroe


Quiero que seas mi héroe, el que apacigüe mis noches, quien espante mis pesadillas, me haga sentir protegida, el que batalle a capa y espada por mi tranquilidad nocturna.

Quiero que seas mi mendigo, quien me pida cada día mas cariño, quien me de cuando menos tiene, que no sepa vivir sin mi por ser su sustento.

Quiero que seas mi manitas, quien construya un vida conmigo, quien entienda mis faltas de tornillos, quien arregle lo que nadie sabe.

Quiero que seas mi fiera, quien se amanse solo conmigo, quien los impulsos se hagan con su cuerpo.

Quiero que seas mi muso, quien me inspire a trasnochar, despertar, correr, parar, tratar, callar, quien me haga volar la imaginación.

Quiero que seas mi dulce, mi salado, mi ácido pero no mi amargo.

Quiero que seas todo aquello que me fascine y que me haga sentir que vivo al límite de un ataque de ternura y sentir que muero de amor cuando me diga lo que sientes por mi.

Sé todo lo que quiero y seré todo lo que quieras.


AUTORA: Sara Suárez

miércoles, 13 de mayo de 2015

Del placebo de la solitaria sonrisa interior y la morfina del surrealismo



"(...) Y el aplauso surgió de dentro."
(Observación anónima, externa, de un Otro cualquiera consultado al azar).

La práctica del autobombo carece de
estudios serios recogidos en
publicaciones serias

Las muestras extraídas
por su naturaleza manual y
metodología abstracta
heterogéneas y
heterodoxas

Algunas
producto de manos ahuecadas con
tendencia al eco grave y repetitivo

Otras
tímidas
llegan con un casi inaudible
batimiento de las segundas y
terceras falanges de ambas
manos

La mayoría
palmas estiradas con
inusitado esfuerzo intentando
vanamente abarcar toda su
amplitud y registro sonoro

Así
las conclusiones resultan a
su vez dispares 
a saber

A menudo la confusión anima a
catalogar las primeras como el
intento patético de una dulce
hipnosis colectiva mediante
cantos gnawa dirigidos desde
un Yo a los Yo de los Otros

Las segundas
circunscritas siempre a las 
áreas independientes entre sí
semejantes a pequeños rediles
que se encuentran en el interior del
círculo y el exterior del
polígono cíclico a modo
de suave autosugestión

Las terceras
siempre
repito
siempre
subsumidas dentro de la poderosa
brisa que eleva la carpa de un circo
lleno de enanos malabaristas e
inocentes ornitorrincos empujados
por sus altas y atrevidas miras

Y es así
como
a través de hercúleos sueños y
sus brumas
consigo
apenas
no dejar de sobrevivir.



AUTOR: Juanje Frayfregona

martes, 12 de mayo de 2015

El grandioso reino del AMOR


En el grandioso reino del Amor, hay un sinfín de cortesanos sorteando fidelidad y tramando complots. Como su hijastro “Cariño”, nacido bastardo de su unión con la ingenua y joven campesina “Ensoñación”. El Rey quisiera sentirlo como legítimo, pero no da la talla, tan solo revolotean sus sentimientos sin lograr su inmensa majestad. Y libra sus batallas sin conseguir llegar a su corazón, mecido en su imaginario columpio de aprecio.

“Ternura”, la agradable infanta, tampoco obtiene méritos suficientes. Su seductor carácter jamás conseguirá llamar su atención. Ni el calor de sus delicadas manos, ni su encantador rostro, disipan el recuerdo de una Reina.

Sus subordinados “Afecto” y Apego”, intentan atender sus muchas necesidades, pero el Rey está triste y solo, e intenta calmar su afligida alma en los brazos de su madre “Amistad”. La única que le comprende y con la que se sincera sin miedo alguno. En la que apoya su soledad más que evidente.

Ni sus primas carnales, con las que jugaba desde niño, “Simpatía” y Adhesión” que se hallan muy lejos, pueden enjugar sus lágrimas en sus afectuosos brazos.

Y por eso el Rey está solo en su trono. Después de la muerte de la Reina “Pasión”, la que mejor lo entendía, aunque fuera a ratos, y a la que echa muchísimo de menos.

Ninguno se puede medir a él. Es la implícita soledad del Rey en su reino. Donde reina sólo. “Amor” el Coronado.


Rodeando al Amor 
hay muchas cortesanas palabras, 
más solo emiten su rumor, 
mientras ella se alza solitaria.


AUTOR: Sergio Suárez.

lunes, 11 de mayo de 2015

Calla y sigue



Piérdete en la voz de la oscuridad, te aclama cada noche a que la sigas, no busques una luz, busca la sombra mas tenebrosa del lugar, no ahuyentes a los demonios, te esperan con tu plaza en el infierno, calla y sigue esa voz, corre hacia los suburbios, los maullidos de los gatos te atraerán y sus temibles ojos brillantes te enseñarán el buen camino, no temas, ni retrocedas, tu destino aguarda a que llegues.


Morfeo te tiene reservado un sitio junto a los demonios, ha hecho un trato con tu alma y cada noche se la llevará pero no temas, te la devolverá cada mañana para seguir sufriendo tu terrible destino, no huyas de lo escrito, entiende sus motivos, cuando esto acabe te encontrarás con la verdadera oscuridad que no se encuentra ni en el mas miserable de los corazones, llegará el momento de tu siguiente pacto, Hades espera que lo complazcas, sumérgete con tus compañeros en un remolino de angustias, piensa que no te afectarán pues se acabó tu desespero, calla y sigue.

AUTORA: Sara Suárez

viernes, 8 de mayo de 2015

Por si acaso la palme hoy, que quede constancia



Intuyo el absurdo
con su anchura
infranqueable
sobrevolando en
paralelo una laguna
de agua amarga
de color indefinido e
indefinible
ni casi ni ocre
ni casi ni azul
donde se incuba la
imperfección de una
causalidad llena de
excepciones

Lo aleatorio
como ley
es la confirmación del 
sentido circular del
viento

impar y negro

asentada en la
costumbre del
hombre
mudo ante el abismo
del despropósito
elevado a la categoría
de mandamiento
grabado en La Piedra

A ratos
pocos
el desprendimiento
momentáneo del
fardo
lo consigue el 
primer sol de la
primavera
tenue pero
caliente
o el gateo torpe y
valiente de una
sobrina tras las
sombras de los
pasos de animales
parlantes
o quizás tú
pero no depende de mí
ni casi de ti
los planetas se
alinean en muy
raras ocasiones.


AUTOR: Juanje Frayfregona

jueves, 7 de mayo de 2015

El sueño de todas



Mireia, corre por entre bambalinas mientras Luigi intenta ordenar las alborotadas ondas de su largo pelo rubio. En el Backstage, otras cincuenta personas atienden las necesidades de las exhaustas modelos en el último desfile de la temporada. Los intensos focos, que a saltos la ciegan, emiten un calor insoportable, “aun recuerda la ocasión en que se permitió pedir que bajaran su intensidad, añorando el sol de su evocada Copacabana, para recibir unas expuestas risas que nada añadieron más que indiferencia a raudales”. Quince angustiosas horas en pie la habían llevado a seis escenarios distintos. –Raras son las sombras que no machan un sueño- le decía su abuela para bajarla a la tierra, a la que tanto quería y echaba tanto de menos: varias sesiones fotográficas, pruebas de vestidos y otros tantos eventos publicitarios, sin apenas probar bocado. Todavía, muerta de risa, se revuelve en su enorme bolso la mitad de una barrita energética desechada a media mañana para llegar al peso obligado por esta última Agencia que contrata bajo unas estrictas reglas de tallas.

A Luigi se le quiebra el corazón cada vez que su antebrazo roza el esquelético cuerpo de esa criatura: de esa niña de apenas diecisiete años. ¡A cuantas ha visto!, ¡a cuantas! correr y correr en las maratonianas jornadas de trabajo que promueven estos desfiles de Alta Costura. ¡A cuantas!, “ni el día que naciera su preciosa Irene tuvo que correr tanto”.

La regidora exhibe una vez más la huraña mirada que implica estar atentas y preparadas, mientras ella intenta mitigar la fatiga respirando con pequeñas y entrecortadas inspiraciones el aire revuelto y plomizo que parece faltar entre los nerviosos cuerpos de las niñas pintadas hasta casi sus senos. “¿dónde estarán ahora sus sueños de princesa, los viajes maravillosos con los que fantaseaba en su Río de Janeiro natal?, ¿dónde le fueron extraviados por estas absurdas prisas, saltando de ratonera en ratonera, sin poder ni siquiera disfrutar el sol de tantos lugares que sin duda debieron ser hermosos?, ¿cuántos recuerda apiñadas siete y ocho chicas en apartamentos de mala muerte?”

La luz baja unos instantes. ¡es la señal!, la fatiga se oculta tras el dolor de unos zapatos de vertiginoso tacón, de la incomodidad de un vestido incapaz de llevar con elegancia, de los focos derritiendo el maquillaje, quemando el esmalte de esas, nada prácticas, uñas. La espontaneidad de la adolescencia se disimula, se retrae. Las sonrisas no existen, y si el nerviosismo las empuja, son aplacadas por las órdenes de la regidora.

La música da el pie a la primera sección, empujadas por las rudas manos de la frustrada mujer que un día quiso ser como ellas: que soñó lo que ellas. Y la boca del estómago se comprime aun más, casi se cierra dentro de una talla que no es la apropiada para su complexión. Solo teme caerse, y mira hacia un techo enmarañado de cables y focos, emulando el cielo donde imagina ver como su abuela le sonríe y la anima.

Es su turno, está a un paso de terminar otro día de penurias y poder acabarse su olvidado desayuno. El ingrato nerviosismo que atesora su vigila, intenta enviarle las señales para que su cuerpo deje de doler por unos instantes, pero en ese cuerpo ya nada responde. Y Luigi la sostiene como lo haría un hermano mayor antes de su primera función en la escuela, olvidando por un momento su condición de gran estilista de “Celebrities”. Las únicas manos que estimulan a la niña modelo antes de enfrentarse al irrefrenable y brillante Sol agobiador de la pasarela. Y con el primer paso, los ametralladores flashes imprimen, en sus películas y memorias digitales, otra burla del Pret a Porter francés, sin reparar en la inaudita delgadez de quien está sufriendo el penoso sendero empedrado de la vida de una modelo. Ese sueño de todas.

AUTOR: Sergio Suárez

miércoles, 6 de mayo de 2015

El asesino del parque


Mataró estaba convulsionado. Todo había comenzado dos semanas atrás, cuando el cadáver de un niño de ocho años apareció degollado, al pie de uno de los grandes cedros del Parc Central. La noticia causó desconcierto en toda la ciudad, se hablaba de violencia juvenil, malos tratos, drogas, violacio­nes... De hecho cada ciudadano tenía su propia teoría sobre el caso, los medios de difusión locales trataron el tema ampliamente, e incluso se habló de ello en Antena 3, en una especie de "Reality Show" macabro. Pero cuatro días después, se encontró el cuerpo sin vida de Carla, una niña de siete años, en el césped del parque de Cerdanyola, (oficialmente parque Puig i Cadafalch), debajo de uno de los nuevos puentes de madera. 

El asunto tomó un cariz diferente; podía tratarse de un asesino en serie. El miedo se adueñó de la ciudad, alguien se dedicaba a asesinar a niños. Creo que fue el Punt Diari el primero en utilizar el calificativo de "El asesino del Parque". Todos los noticiarios nacionales se hicieron eco del crimen, y el jefe de la comisaría de Mataró tuvo que dar explicaciones públicas sobre la marcha de las pesquisas. 

No habían pasado ni cuarenta y ocho horas desde que se descubriera el segundo cadáver, cuando apareció el tercero. Otro niño y otro parque; esta vez fue en la Plaza Catalunya, medio hundido en el estanque de la fuente central. 

Mataró estaba convulsionado; era el centro de atención de la prensa europea, el presidente del gobierno asistió al último funeral, que se convirtió en una celebración multitudinaria donde toda la ciudad presentó su repulsa por los crímenes. Pero nada de ello servía para tranquilizar a los padres que temían por la vida de sus hijos. 

Las calles se llenaron de policías y periodistas, y se vaciaron de niños. El asesino del parque había cambiado a la ciudad. 

A mí, también me había afectado, naturalmente, aunque tenía más rabia que miedo. Yo no temía por mi vida, vivía solo, sin familia cerca. Mi única compañía por entonces era mi perro Chyli, al que sacaba cada tarde a pasear después de volver del trabajo. Fue precisamente en uno de esos paseos cuando sucedió. 

Habían pasado dos semanas desde el primer crimen. Era un jueves por la tarde, una de esas tardes frías de otoño en que la oscuridad cae lentamente envolviendo en sombras a la ciudad. Crucé el Camí del Mig y fui a buscar la Avenida Lluís Companys, Chyli saltaba de alegría a mi alrededor, exhalando un vapor húmedo de su gran bocaza. Alegría que contrastaba con la tristeza de la ciudad. "Qué suerte", pensé "poder ignorar lo que ocurre a tu alrededor". Pasé a la acera del polígono, para poder andar por el mullido césped de ese lado. En el campo de fútbol del Pla d'en Boet los infantiles acababan su entrenamiento, dos policías guardaban la entrada y todos los padres esperaban a sus retoños. Seguí bajando hasta el Clos Arqueológic, en la esquina del monstruo de hormigón me encontré con dos guardias civiles: "Buenas tardes", nos saludamos.

Crucé al otro lado, a la Pollancreda, y me acerqué a la fuente para que Chyli pudiese beber. El parque estaba desierto. Aunque aún no había oscurecido, no era imposible distinguir nada bajo la sombra de los árboles. Por un momento no pasó ningún vehículo por el cruce de carreteras y el silencio me hizo estremecer. En la parada de autobuses, al otro lado de donde yo estaba, vi caminar a un anciano con una niña de la mano. Chyli corrió detrás de una urraca que lo ignoró hasta el último momento, echando a volar con un graznido para internarse en la oscuridad del parque. El anciano me miró, y me saludó con la cabeza; entonces lo reconocí, era mi vecino, un viejo solitario y refunfuñón, a la raya de los ochenta, con el que discutía a menudo por la costumbre que tenía de tirar porquerías al otro lado del muro de su patio, es decir, justo en el mío. El viejo siguió su camino, con la niña en una mano y el bastón en la otra. A paso lento, se dirigió hacia la misma oscuridad que había camuflado a la urraca. No recordaba que el anciano tuviese ningún nieto, en realidad nunca había visto que lo visitase nadie. Una extraña aprensión se apoderó de mí. No podía ser, un débil anciano medio inválido. Empecé a angustiarme, las figuras del viejo y la niña se adentraban en el parque. ¿Qué hacer? ¿Avisaba a los guardias que había visto antes? Era ridículo. Mejor ir a hablar directamente con él. ¿Qué le iba a decir? Al final disipé mis dudas, y sin saber muy bien qué iba a hacer, corrí hacia las sombras. Me detuve a dos pasos del viejo, las palabras surgieron solas. 

- ¿Qué hace con esa niña? 

El viejo no respondió. Sin soltar a la pequeña, (debía tener unos cinco años), dio dos pasos hacia mí y antes de poder darme cuenta me asestó un fuerte golpe con su bastón. Todo dio vueltas a mi alrededor, perdí el conocimiento, me pareció que por unos segundos, aunque debió ser bastante más, pues lo siguiente que recuerdo es la lengua de Chyli lamiéndome la cara y el peso de un pequeño cuerpo sin vida sobre mis piernas. La pareja de guardias civiles corrió hacia nosotros, yo me incorporé y cogí a la niñita, muerta, en mis brazos. No había ni rastro de mi vecino. 

No me percaté de la gravedad de mi situación hasta varios días después, cuando la policía encontró en mi patio unos zapatos y una pulserita pertenecientes a las víctimas anteriores. Nadie creyó mi versión, nadie había visto a mi vecino, además, ¿Cómo pretendía culpar a un indefenso ancianito de mis crímenes? 

La ciudad durmió tranquila, aunque yo gritaba, a las sordas paredes de mi celda, que el asesino continuaba en libertad. Mi esperanza era que él volviese a actuar. Pero, a los pocos días de cumplirse la sentencia, hasta esa desesperada opción desapareció. El diario local publicó una noticia que me llamó la atención: 

"LA ÚLTIMA VÍCTIMA DEL ASESINO DEL PARQUE. El asesino del Parque se ha cobrado su última víctima desde la cárcel: Hoya muerto el anciano de setenta y nueve años, vecino del criminal, que había sido acusado reiteradamente por este de los atroces crímenes. El forense ha dictaminado que la muerte se ha debido a un ataque cardíaco. Sin duda, el agitado proceso judicial al que fue injustamente sometido hizo mella en su viejo y delicado corazón ... "


AUTOR: Rafael Ogalla