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miércoles, 29 de abril de 2015

Micros: Injustamente y Madmuasel


INJUSTAMENTE

Me duele el dedo índice de tu mano derecha. Cuando me apuntas con él. Cuando me acusas injustamente.


MADMUASEL

Mademoiselle Pitiminí esperaba siempre a sus víctimas masculinas con una sonrisa picarona que elevaba sus ansias, las de ellos, mientras la mente calenturienta de la ejecutora trazaba planes de sometimiento, tortura e irracionalidad.



AUTOR: Jesús (archimaldito)

lunes, 30 de marzo de 2015

De larga duración


Tengo que limpiar el desaguisado de mi último crimen. Demasiada sangre. Demasiados órganos reventados. Demasiadas pistas para los sabuesos. Esta vez me cazan. Como no lo remedie con premura, me cogen. Y no estoy dispuesto a pasarme la vida entre rejas. No ahora. Cuando he logrado escabullirme durante estos noventa y ocho años.


AUTOR. Jesús (archimaldito)

jueves, 26 de marzo de 2015

Nunca es demasiado tarde

  

¿A quién cree que engaña con sus modales tan altaneros?

Sabe que nació en la misma miseria que yo, que viene de la misma ralea y que, por mucho que intente disimularlo, de vez en cuando, le sale el deje.

Ahora viste con ropas caras, habla por teléfonos caros y se codea con gente cara, pero no podrá evitar ser tan barata como todos los demás.

No voy a descubrirla ante ese mundo porque ella misma lo hará y, cuando suceda, yo estaré allí para recogerla entre mis brazos y llevarla, con todo mi amor, hasta el altar.


AUTOR: Jesús (archimaldito)

lunes, 23 de marzo de 2015

Harto


El maldito asesino acababa de abandonar a su reciente víctima a los perros de la noche, sabiendo que el olor del desventrado los atraería. Con sangre fría limpiaba el arma homicida y, mientras lo hacía, recordaba con sorna los lamentos de súplica del aterrorizado condenado. 

Visualizaba ya la cara del próximo sacrificado en su ritual y se prometía que sería una mujer, porque ya estaba harto de buscarse en otros rostros masculinos, pues eso es lo que hacía al suicidarse poco a poco con cada vida que arrebataba.


AUTOR: Jesús (archimaldito)

jueves, 19 de marzo de 2015

El pinchazo



Se pinchó, con un alfiler, la yema del dedo índice de la mano derecha y la sangre no paraba de fluir. Por mucho que se metiera el dedo en la boca y lo pellizcara con los dientes, y libara el líquido rojo hasta empalidecer la zona del puntito, la pequeña hemorragia no remitía.

Pero esto no le preocupaba, pues sabía que por esa nimiedad no iba a desangrarse. Lo que de verdad le preocupaba era que la chica más hermosa del mundo estaba a punto de aparecer y que no iba a poder controlar las posibles manchas en su vestido, cuando la abrazara, allí, en medio del silencio de la biblioteca, en alguno de sus pasillos menos visitados, antes de darle una rosa y el papel con la declaración de amor, escrita con su sangre enamorada.

AUTOR: Jesús (archimaldito)

lunes, 9 de marzo de 2015

Nuevas generaciones


Mi hijo, cuando era niño, me preguntó por el significado del movimiento de los planetas. Como no supe contestarle, se dijo, y me dijo, que sería astrónomo. Hoy, treinta y cinco años después, me sigue preguntando por el significado de ese movimiento. Sabe las respuestas pero quiere escuchar de mi propia boca, con mi propia voz, cómo asumo mi ignorancia. Y después quiere escuchar de mi propia boca, con mi propia voz, en qué magnitud se encuentra mi amor por él.

-Sólo sé que se mueven en el Universo Infinito. ¿Ves las estrellas? Pues cuando dejes de verlas, porque ya no existan ni ellas ni tú, aún perdurará, en el infinito, esta sensación de plenitud, cuando comparto mi tiempo contigo. Aunque creas que no sé nada. No creas que no recuerdo que yo también fui niño. Que mojaba la cama cuando tenía pesadillas. Que esperaba impaciente los regalos en Navidad. Que me entusiasmaba con la llegada del verano y de mis primos. Que lloraba, en mi interior, con la emoción de escuchar a mis abuelos cantarme el cumpleaños feliz. Que miraba con impaciencia el minutero para que el timbre nos avisara que podíamos pegar patadas al balón en el recreo. Que me hinchaba como un gallo cuando la chica más guapa del barrio se dignaba a echarme una mirada, cuando…

-¡Perdona! ¡Perdona! ¿Y de tus padres no echas nada en falta?

-¿Mis padres? ¡Ah, no! En mi serie cometieron el error de olvidar implantar esos personajes y los recuerdos adyacentes en mi programación. Los de tu serie han salido más completos.


AUTOR: Jesús (archimaldito)

miércoles, 4 de marzo de 2015

MICRORRELATO'S DAY (2)



Con o sin alas...


Estaba volando.
Esta vez era de verdad y no era un deseo de sus sueños. Ya se lo había visto hacer a demasiados superhéroes en la pequeña y gran pantalla. Ahora era él el que volaba. 
Pensó que iría a visitar a su madre, al otro lado del charco. Ahora sería fácil. 
Pero no quería ser maleducado y antes se despediría de su cuerpo, allá abajo. El que estaba postrado y perforado por infinidad de tubos, con demasiada gente nerviosamente atareada a su alrededor. 


AUTOR: Jesús (Archimaldito)


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En la línea de fuego

Justo cuando abrió la boca en un intento de gritar para pedir auxilio, se le hinchó la lengua, tal era el volumen que incluso empezaba a dificultarle la respiración. Recordó entonces las palabras de su madre: -Cuidado con las abejas, no juegues nunca con ellas, recuerda que eres alérgico-. Su vida era un continuo riesgo. Militar retirado con más de quince misiones en el extranjero a sus espaldas, donde hubieran tiros, allí pedía destino, indemne de todas. ¿El resultado? Tres hijos que no le hablaban y dos divorcios traumáticos. Únicamente lo mantenía en pié la adrenalina, un vicio como otro cualquiera. Ahora, jubilado y solo, apicultor.

AUTOR: Juanje Frayfregona.


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La escopeta

La escopeta me apunta a la cara. Yo se la he puesto en las manos. Yo la he cargado. Noto el líquido bajar por mis piernas. Hoy no tengo miedo. Supongo que el cuerpo lo hace por costumbre. Me insulta. Nada nuevo. El mismo "zorra" aburrido de siempre. No es un hombre original. Pensar, lo que se dice pensar, no piensa. No puedo decir que discutimos porque lo hace él sólo. Le tiembla el pulso ¡qué gracioso! Vamos dispara, valiente. No lo hace. Hoy se va a rajar, faltaría más. Le sonrío. Tengo el poder. Puede olerlo. Lo oye. Ira. Más ira. Rabia. Más rabia. Dispara y...boom. Su cabeza a merced del viento. Si es que pensar, lo que se dice pensar, no pensaba. 

AUTORA: Raquel Ortega


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Un oasis

En el medio, un ojo de agua emerge y fluye, un manantial para aliviar a los seres errantes como tú. Les llaman Petenes, yo les llamo oasis, solo que alrededor no hay arena, es agua salobre, marisma y manglares. Si caminas entre los árboles, puedes escuchar el viento sobre las ramas, es como una ola, una suave caricia que circula a tu alrededor, un lento respirar. Y si te quedas el tiempo suficiente también podrías escuchar el paso de una tropa de monos entre las ramas, el grito agudo del halcón, el chillido de un puerco de monte y el estruendo de un disparo ahuyentando a las aves.

AUTORA: Karol A.


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Un cometa

DESDE ABAJO MIRÓ COMO IBA DESCENDIENDO EN CAIDA LIBRE HACIA EL BOSQUE…, DEJÓ TODO LO QUE ESTABA HACIENDO Y CORRIO HACIA DONDE SU LUZ LE INDICABA QUE TOCARÍA TIERRA. POR SUERTE LLEGÓ JUSTO A TIEMPO PARA TOMARLO EN SUS BRAZOS Y EVITAR QUE SE ESTRELLARA. ERA EL CUERPO CELESTE MÁS BELLO QUE JAMÁS HUBIERA TENIDO EN SUS BRAZOS… LO LLEVÓ A CASA PARA CUIDARLO. AHORA YA TENDRÍA UNA LUZ QUE ILUMINARA SU VIDA.

AUTOR: Carlos A. Suárez G.


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¡Perdóneme Padre!

Los feligreses ya se habían marchado hacía más de dos horas, por eso se asustó al oír cerrarse la puerta del confesionario. –Perdóneme Padre, porque he pecado- La voz era muy joven y el viejo cura ya había tenido demasiados cuernos, mentiras y acusaciones infundadas, por hoy. Su voz tronó ebria dentro del reducido locutorio. – las mujeres me repudiaron demasiadas veces, como para poder ser progenitor de nadie… y, lo más importante, tus pecados no serán jamás redimidos en éste mundo, cuando llegue tu hora tendrás que responder por ellos, así que, tú misma- No había acabado de escuchar los apresurados pasos de la joven alejarse, cuando el cura dijo elevando los ojos. –Perdóname Padre- 

AUTOR: Sergio Suárez.

martes, 3 de marzo de 2015

Aquello


Me negaba a creer lo que mis ojos me mostraban, pero estaba allí, delante de mí, con sus nosecuantas patas bien asentadas en el asfalto de la carretera, como aprovechando el poco tráfico de la misma, para asombrarme con su visión y con mi decisión de acortar el camino hasta mi próximo cliente, tomando el ramal izquierdo de la bifurcación de veinte kilómetros atrás. 

No hacía ruido, no emitía, en verdad, ningún sonido. Sólo vibraciones periódicas al suelo, que se transmitían hasta mis plantas de los pies, tras decidir bajarme del automóvil para verlo más de cerca. 

Así, en la penumbra del atardecer, se mostraba como una enorme silueta oscura, pues ningún reflejo del sol me llegaba y ninguna otra luz era emitida desde el aparato. 

De pronto, las vibraciones cesaron y fue cuando me atreví a dar los primeros pasos hacia aquello. 

No tenía ningún miedo. 

¿Por qué tenerlo si aquella podía ser la mejor aventura de mi vida, de la, hasta ese momento, insulsa vida? 

Antes de abandonar mi vehículo a su suerte, miré si tenía alguna linterna olvidada en el maletero y, mientras lo hacía, pensé, por un momento, que ya no llegaría a tiempo a mi cita. 


AUTOR: Jesús (archimaldito)

jueves, 26 de febrero de 2015

Casi todo


Tanzer era un hombre solitario, de pocas palabras, de pocas acciones, que se dejaba arrastrar por la corriente de sus prójimos.

Había decidido quitarse de en medio.

Fue a la cocina a por un cuchillo. Pensó que cortarse las venas, de forma bestial, sería lo mejor. Sentiría su propia brutalidad y, en los primeros momentos de su muerte, saborearía, por primera vez, momentos de vida, la que se le iría escapando.

Cuando se disponía a darse un tajo en la muñeca izquierda, llamaron a la puerta. Y la abrió. Y ella estaba allí.

Cuan ridículo se sentía atendiendo a la desconocida con una hoja de acero de veinte centímetros en la mano.

Yanil se mostró sorprendida por los ojos vidriosos de su interlocutor. Pensaba que se había equivocado de dirección. Y así era. Providencial fue su llegada, providencial fue su aparición ante la muerte.

-¿En qué puedo ayudarle?- dijo Tanzer, con una lágrima surcando su pálida fisonomía.

-¿Es usted el señor Ivan Ze?

La invitó a pasar a su acogedora casa. Y cambió el cuchillo por un recogeterrones cuando puso el azúcar en sus cafés. Intercambiaron impresiones vitales como si se conocieran de siempre. Y olvidó lo que minutos antes había rondado por su martirizada mente.

-Amor mío- le dijo ella a él-. Esto es un milagro. ¿Por qué he tardado tanto en encontrarte?

-Amor mío- le dijo él a ella-. ¿Por qué he tardado tanto en buscarte?



AUTOR: Jesús (archimaldito)

jueves, 19 de febrero de 2015

Lo cruel



El metal se endurecía dentro de mi cuerpo y, en la trascendencia del momento, me olvidé de recordarle que tenía poco tiempo para terminar lo que había venido a hacer.

-¿No creerías que me habían enviado para perdonarte?

Sus ojos desorbitados eran señal inequívoca de que no esperaba aquella reacción. Aún así, siguió asestando cuchilladas en mi torso, a la par que gritaba mi desgracia, que no era más que la suya, pues en cuanto se entumeciera su antebrazo se lo quebraría, y astillaría sus huesos como palillos.

Seguía sin sorprenderme la ausencia de sangrado. Ni una gota en su hoja mellada, ni en mi camisa, ni en mi piel. Los jirones de ésta se entrelazaban y se fundían para volver a ser una tersa continuidad.

Minimicé el efecto que mis próximas palabras iban a causar en mi inepto asesino. Se permutaron en mi conciencia con un millar de posibles reacciones y el resultado de la incógnita era siempre el mismo por lo que, además de hablar, por primera vez, actué.

-¡Muere! Tu defensa será ineficaz y estéril.

La hoja de acero se detuvo en la concatenación de impactos.

Y entonces, las dos partes de su antebrazo derecho en dos colgajos, y el otro brazo, seccionado desde el hombro.

Las rodillas picudas clavadas en el suelo y el cráneo aplastado en sus zonas temporales. 

Los ojos vaciados de su humor y los carrillos estirados cual goma de mascar.

Y un lamento, su ultimo lamento, más bien un farfullo, un arrastre de palabras sin sentido, que sustituían lo que podría haber sido una mirada de petición de clemencia. Sin comprensión de su significado.

Y, de pronto, una ola de sentimientos golpeó mi enervación. Y creí comprender todo el dolor que aquel ser, destruido ya, debía de sentir.

Y multipliqué ese dolor por mil sufridores como aquel al que estaba a punto de exterminar, en defensa propia.

Y mis manos taparon mis oídos y sienes, pues era insoportable el latigazo eléctrico que atravesaba todo mi cuerpo.

Y recordé. Y huí de aquella fantasía inventada por mi psiquis en un arranque de autoprotección.

Y volví a la realidad.

A tu cara.

A tu desalmada sentencia, sin atisbo de misericordia.

Y el dolor infinito que había imaginado segundos antes era una burla, una nimiedad, comparado con el que sentí en el momento culminante y real, cuando se quebró mi corazón y mi alma, al escuchar de tu boca las peores palabras.

-Ya no te amo.



AUTOR: Jesús (Archimaldito)

miércoles, 11 de febrero de 2015

Comprende



El érase una vez quedó para otros tiempos. Es el ahora, lo que está ocurriendo, lo que importa.

Y es así y, que un niño llamado Paco, bueno como nadie, comprensivo como pocos, tiene un amiguito llamado Antoñito, que estaba solo en el mundo. Es huérfano y sus padres adoptivos, ricos en cosas, pobres en sentimientos, le dejaban de lado porque tenían que atender sus trabajos, su casa, sus obligaciones sociales.

Y Antoñito se iba al parque que tiene en el patio común de la comunidad donde vive. Y en aquel parque conoció a Paco, al que se le escapó la pelota cuando jugaba un partido de fútbol con los demás niños vecinos.

-¡Lánzame la pelota! - le gritó Paco a Antoñito en la distancia.

-¿Puedo jugar con vosotros? – Antoñito se la entregó en la mano.

-No sé. Se lo preguntaré a los otros.

Paco volvió a donde estaban los demás, reunidos en corrillo, y les preguntó si podía jugar con ellos aquel niño tan amable.

Los demás niños dijeron que mejor sería que dejara a aquel chico en paz, y que sería mejor que siguiera ocupándose de sus asuntos.

-¿Por qué? – preguntó Paco a sus amiguitos.

No le supieron responder. Y desde aquel día, Paco intentó descubrir por qué los demás veían a Antoñito tan diferente.

Se encontraban casi a escondidas, después de clase, cuando Paco no tenía otros compromisos que atender, cuando la pena que sentía por su amigo Antoñito vencía las ganas que sentía por ponerse a ver la tele, o leer tebeos o, incluso, terminar los deberes pendientes para el día siguiente.

-Estoy contigo porque te aprecio, porque sé que eres un niño bueno, porque no tienes otros amigos, y porque me lo paso muy bien hablando contigo, jugando contigo, descubriendo cosas contigo.

Los días pasaron y, de pronto, Antoñito no volvió a ver más a Paco porque Paco no volvió al parque, y Antoñito pensó que mejor se quedaba en casa, encerrado en su habitación, intentando pasárselo bien solo. Pensó que algo raro pasaba en él para que los demás le trataran así, y decidió preguntárselo a sus padres adoptivos.

Esperó el día en que sus padres no estuvieran tan ocupados haciendo dinero, cuidando su casa y su coche, atendiendo a los amigos que les visitaban en casa.

-Mamá, ¿por qué no tengo amigos? ¿Por qué, en clase, me tratan como un bicho raro? Mamá, si me quieres, dímelo, por favor.

La madre, ante las lágrimas de Antoñito, olvidó de inmediato todo el mundo que le rodeaba y se centró en los ojos de su hijo adoptivo. Pensó que le había tenido demasiado tiempo abandonado. Que no todo en la vida era darle el desayuno, llevarle a clase, recogerle a la salida, darle de comer y dejarle irse al parque, para que cuando volviera se acostara con un simple buenas noches en un beso vacío. Que debía hablar con su esposo para que olvidara un poco su negocio y se centrara más en su hijo.

Y así, ahora Antoñito podía decirle a Paco qué ocurría, y lo llamó por el telefonillo para que bajara a jugar con él.

-Antoñito, no me importa nada lo que digan los demás de ti, que si eres raro, que si tienes una enfermedad contagiosa, que si te vas a morir dentro de poco. Me da pena, pero quiero saber la verdad de tu propia boca.

Antoñito abrazó a Paco y le dijo que era el mejor amigo del mundo, y que iba a contarle lo que su madre le había contado a él. Que sus verdaderos padres eran drogadictos, que su madre murió en el parto y su padre murió de una sobredosis de una droga muy mala, pero que él lleva en la sangre la misma enfermedad que ellos. Que él no va a morir por ella, que la tiene dentro, durmiendo, y que espera que nunca se despierte, pero que, mientras, los demás tienen muchísimo miedo de que se la pegue.

-Por eso no tengo amigos, excepto tú. Los demás no saben qué me pasa. Nadie se lo ha explicado bien, o por lo menos no tan bien como lo ha hecho mi madre. Por eso te lo cuento yo así, para que puedas decírselo a tus padres y no te prohíban estar conmigo.

Paco quiere a Antoñito como nunca ha querido a ningún amigo. Es el hermano que nunca ha tenido. Son felices jugando, saltando, riendo, y todos lo que quieren escuchar y comprender también pueden ser sus amigos.

Y es que con el colorín colorado, este cuento no se ha acabado: Aprende para que este cuento te muestre el camino de la verdad de la amistad.


AUTOR: Jesús (Archimaldito)

martes, 3 de febrero de 2015

Mariquilla


A menudo pensaba en ella como la única que podría permitirme salir del laberinto en el que me había metido, casi voluntariamente, sin haber pensado las consecuencias.

Si no creyera que la paz que transmitía su mirada se estampaba con mi rabia interna por no haber escogido bien mi vocación, no me permitiría cortar su paso camino al mercado para decirle:

-¡Mariquilla! ¡Reza el Padrenuestro!

Sintiendo cómo mis tímpanos se fundían, como la cera, con la emoción, al escuchar de sus labios carnosos, y seguro que tersos y suaves:

-¡Señor cura!: ¿Todos los días va a ser esto?



AUTOR: Jesús Fernández (Archimaldito)